Entendemos un Plan de Desarrollo Estratégico (PDE) como una conversación sobre el contexto, la política y el negocio de la organización. Decimos contexto en el sentido de tomar el momento histórico en que se desenvuelve una organización y que debe estar reflejado básicamente en su análisis externo. Por política nos referimos al análisis interno, pero también a una mirada que movilice los liderazgos internos y que permitan llevar a cabo las acciones que el mismo plan sostiene. Hacerse la pregunta ¿Quién tiene el poder para llevar adelante las acciones que proponemos? Si el análisis es correcto, surgirán los liderazgos informales y debemos conversar sobre el poder.
Finalmente por negocio, obviamente nos referimos al giro de la organización y a generar las acciones que aseguran no sólo su sustentabilidad, sino que su crecimiento en el tiempo. Debemos tener cuidado en no ser demasiado conservadores en la mirada por que hoy en día, es habitual que lo que definimos como negocios hace relativamente poco tiempo a tras, hoy ya no lo sea. Tampoco se trata de ser innovadores per se. Ese es el dilema.
En general nos encontramos con PDE cuya formulación, no satisface la conversación que proponemos, toda vez que los análisis correspondientes a los contextos, políticas y negocios suelen ser débiles.
Como visión general, creemos, que frecuentemente los análisis que se realizan son teóricos y muy generales, y no entrega elementos necesarios para concluir objetivos y acciones para enfrentar el entorno en el cual la organización participa. Todo esto es el reflejo de la falta de confianza de los equipos directivos y de una escasa capacidad de entregar sus opiniones sin tantos eufemismos.
Un punto que nos parece importante, políticamente y como parte de fortalecer la pertenencia del PDE, es la participación de la mayor cantidad de personas a través de encuentros departamentales o inter departamentales de no mas de 20 personas de modo de asegurar su participación. Posteriormente, asegurarse que esto quede bien recogido en el documento. En algunos casos, puede que lo que se plantee aquí no sea posible. Lo que finalmente queremos sostener es que la construcción del Plan, debe ser un acto participativo y no un documento redactado entre cuatro paredes, peor aun si esta acción la realizan consultores externos que no tienen un compromiso con la organización.
A modo de resumen, sostenemos que más allá de estas situaciones de estructura, forma y fondo, me parece que lo más importante a considerar en un PDE, es que este debe movilizar a la organización, fomentan el compromiso de sus integrantes, visualizar el futuro y manifestar sus factores políticos: especialmente clarificar temas de liderazgo y poder (gobierno). Puesto que alguien debe tener la capacidad de hacer que las cosas ocurran.
El PDE no es un documento para dejar olvidado en un cajón de un escritorio. Queremos insistir que desarrollar un PDE, como lo proponemos aquí, entrega una oportunidad para generar un espacio conversacional clave para la vida de la empresa. Si ignoramos la planificación, decimos entonces que ignoramos las oportunidades para diseñar el futuro, y aceptamos ser llevados a la deriva dondequiera que nuestras prácticas actuales nos lleven.
Por otro lado, generando confianza y participación, permitimos que cada uno de los integrantes de la organización de lo mejor de si mismo y de esta forma, logramos un objetivo central, darle vida al PDE como carta de navegación, destacando y fortaleciendo la capacidad de la dirección de liderar los nuevos desafíos, maximizando la posibilidad de apoyo de cada estamento.
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