A partir de muchas conversaciones que he sostenido con empresas medianas y grandes como consultor de empresas en los últimos doce años, se podría entender que muchas de ellas cuentan con un gran prestigio y participación de mercado.
Además y según lo que se desprende de las conversaciones realizadas gozan de un excelente clima laboral y una certificación respecto de sus procesos que no hace más que coronar su excelente desempeño en la industria en la que participan. Se desprende que son excelentes lugares para trabajar y nada presume un futuro donde esto pueda cambiar. No existe una preocupación por la competencia, al menos en el sentido que esta pueda quitarles una buena participación de mercado, no se avizora que el tamaño del mercado pueda reducirse considerablemente alterando con ello los patrones de competencia. Internamente no se observan problemas de ausentismo laboral, accidentalidad o rotación de personal elevada. No están usando una tecnología obsoleta que requiera prontamente ser reemplazada. Nada hay en el discurso de los líderes de estas empresas algo que refleje un mundo en constante cambio y donde las reglas del juego no sean siempre las mismas. Por lo demás, esta representa una forma habitual de describir el mundo actual de sus líderes. Sin embargo, las empresas genéricas que señalo parecieran ser no solo un lugar ideal para trabajar, sino que además representan una especie de microclima, que permite experimentar condiciones diferentes al clima del resto del mundo.
¡Una gran paradoja ¡
Paradoja según la definición clásica es una aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera.
Hoy tal vez no hay paradoja y simplemente..
¿Será que el mundo no cambia tan rápidamente?
¿Por qué se dice que el mundo cambia muy rápidamente?
¿Por qué innovar?
¿Por qué surge esta aparente contradicción?
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