Para los efectos del modelo que queremos presentar aquí, entendemos que el desafío de conseguir resultados en una empresa sólo es factible si valida en su génesis la relación horizontal entre personas, procesos y tecnología. Esta relación es de normal y cotidiana ocurrencia. Si suponemos la aparición de un nuevo modelo de celular (tecnología), se requiere un aprendizaje del usuario (persona) de nuevas funcionalidades y adopte ciertas normas (proceso) para asegurar su funcionamiento.
Los primeros celulares tenían pocas horas de autonomía (tecnología) y requerían que los usuarios (personas) procuraran, descargar totalmente la pila, conectar el celular en la corriente eléctrica para que este, recuperara la carga y permitir nuevamente su uso (proceso). Hoy la tecnología permite mayor autonomía y un proceso mas simple de recarga lo que a provocado que las personas se acostumbren a tener en todo momento acceso a su celular o les incomode lo contrario (¿paradigma? ¿cultura?). Reiteramos entonces que la relación entre personas, procesos y tecnología es de cotidiana ocurrencia y que en el ejemplo del celular la relación se ha mantenido cambiando a un ritmo que podemos denominar ahora como evolutivo. En el momento de la aparición del celular podemos suponer que esto provoco un cambio disruptivo.
Siguiendo con el modelo, para que una tecnología evolutiva o disruptiva tenga un positivo impacto sobre el negocio de la organización que lo adopta debe acompañar la adopción de esta tecnología con un entrenamiento que permita un cambio de paradigma de los usuarios y por tanto de procedimientos que aseguren un buen uso. Un buen ejemplo para graficar esto es que al comienzo de la masificación del correo electrónico, algunos usuarios imprimían los correos de modo de “facilitar” la lectura. Es decir, existía el procedimiento de imprimir correos para su lectura y el paradigma en el usuario de que eso era más fácil.
Lo que queremos dejar de manifiesto, es que la tecnología cambia mas rápidamente que la cultura de las personas que deben usar esa tecnología. Por lo tanto, si una empresa no esta obteniendo los resultados esperados no significa necesariamente que la decisión tecnológica fue errada o que se requiere una nueva. Tampoco significa, necesariamente que es un tema de proceso. No todo, lo soluciona una certificación de calidad ISO -9000 o un programa de reingeniería de procesos. Esto a veces, dependiendo el tamaño de la empresa es un desafío que requiere grandes esfuerzos, y sobre todo en el tema de la reingeniería puede ocasionar resultados desastrosos si no se hace con el cuidado adecuado. Es decir, si no se tiene el tamaño de empresa adecuado y los recursos necesarios mejor no intentarlo.
Finalmente llegamos al tercer factor de este modelo y que se refiere a las personas. De acuerdo a nuestras observaciones este es el factor olvidado en la mayoría de las empresas. Mientras que por un lado, invierten grandes cantidades de recursos financieros y humanos en los cambios tecnológicos y en certificaciones de calidad o rediseño de procesos, no se invierte en las personas en tanto acompañarlos a visualizar esos cambios como una oportunidad personal e inspirarlos a entregar en cada etapa de los proyectos lo mejor de si mismos. Es normal observar descuido de las personas, incluso mal trato. No se asume con suficiente fuerza, que es importante que las personas confíen en si mismo, en sus equipos y en la organización. Los mismos líderes que autorizan y promueven las inversiones en tecnología y procesos, actúan como si pensaran que los cambios culturales y paradigmáticos que requieren los cambios tecnológicos y de proceso se darán en forma automática o en algún momento en el tiempo.No se asigna prioridad al aprendizaje puesto que no se asigna tiempo y recursos financieros como a las otras variable.
Nuestra invitación para lograr mas y mejores resultados en "humaniar" los proyectos.
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